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sábado, 3 de diciembre de 2011

Desvelos Gatunos

(Toda la versión, ampliado)


Sentada en esa silla que hace el contorno de mi cuerpo
talla mi espalda como la ropa que uso para complacer a la gente
pero ya estoy harta de eso, mi cama es más cómoda.

Pero ¿Qué hago acá?, Nada, soy presa de mi propia
cárcel, yo misma me até, para matarme y morir ahogada
en eso que crearon en mi, el odio hacia ellos, la misantropía.

Me ahogo en el vaso de mis recuerdos, que enfrascan lágrimas lloradas en vano
digo en vano porque ya no recuerdo porqué lo hacía… Solo siento
dolor en esta oscuridad, pero tal vez esta noche si me atreva a mirar
el techo que abraza mis pensamientos y tal vez dejar que escapen abriendo mi ventana.

Me dispuse a abrir mi catalizador, entra un suave aliento a libertad pero recuerdo que
estoy en mi cárcel y lo olvido.

La fiebre me está matando me digo a mi misma, ¡Qué calor tengo!, una fuerte exclamación hago y mi mente logra despejarse al punto de no saber qué hago ni dónde estoy, comienzo a delirar:
 -Desearía tenerte acá, para suavemente acariciar tu pelo y sentir los colmillos que atraviesan mi dermis como una aguja hipodérmica, quisiera que tu veneno se inyectara eterno en mi cuello y vivir contigo, en los techos de los aposentos de las gentes que suelen crear el mundo y vivir como si no me importara, pero no, tengo debates de cómo ser una humana hoy, debí haberme quedado en la reencarnación de gata, lo que soy, una Diosa, y que en mi vida pasada fui Bastet, eso lo sé, perfectamente, estoy enamorada de ti y no lo puedo negar- Pensé un segundo en lo que había dicho en voz alta… ¿Estoy enamorada de un gato? ¿Un simple gato peludo? ... Sí, pero hay algo en su esencia, suavemente lo acaricio y él me responde afable, ¿le gustaré? Yo creo que le agrado, siempre duerme conmigo.
-¿Quién fuiste en tu vida pasada?- Pregunto vagamente- ¿Acaso no me escuchas?
-La voz de la vida y de la muerte- Oí un  susurro muy cerca de mi hombro – Ya era hora que me vieras como realmente soy.
-¿Un gato?- Digo asustada.
-No, que te sucede los gatos no hablan- De un momento a otro abro los ojos, veo un apuesto príncipe vestido de negro, un gato por supuesto.
-Entonces ¿qué eres?- La pregunta también la hice para mi.
-Soy la forma que quiera ser, ahora tengo la forma que en tu mente es un gato, pero puedo ser un humano si lo desearía, es muy soberbio para mi gusto, prefiero la elegancia e inteligencia y ternura de un sutil gato, donde puedo encontrar a la doncella que siempre he buscado, Bastet, eres tú, en tu reencarnación como semidiosa, déjame ver tu espalda, sé que traes contigo una marca de tus vidas pasadas.-
Efectivamente, al momento de mi nacimiento en una noche de eclipse una extraña forma de  gato, una luna y una estrella, la triada perfecta se apoderaron de mi espalda, un lindo lunar me decía mi madre cuando me relataba el momento de mi llegada al mundo. –Tenías mucho pelo, gatubela.- Me decía, y yo siempre respondía con mi hambre de atún y aliento de mar que deseaba encaminar mi existencia a amar a los gatos, que eran mi vida, me sentía como en casa “hablando” con ellos.
-Llévame contigo príncipe- Le dije casi llorando
-Ese será tu festejo como Diosa.- Me dijo con los ojos algo llorosos
-Yo sabía que mi sangre llevaba la fuerza imperante de los gatos.- Un momento de dolor se apoderó de mi cuerpo, la metamorfosis me dije a mi misma, recordando los cuentos de monstruos fantásticos que mi madre solía leerme cuando pequeña, mi pelo comenzó a crecer, una cola prominente salía de mi espalda, el lunar que era de un color oscuro se iba tornando claro, un níveo inconfundible, mi pelaje se iba tornando negro, como la oscura y mística noche, mis orejas rápida y dolorosamente iban creciendo y los pelos de mi boca salían para afirmar mi esencia como gata, la medida de todas las cosas, -¡Vamos, vamos al reino de los gatos!.- Le dije a mi caballero.
- No, aún falta algo.- Se quitó el collar que le había puesto meses atrás, que contenía un cuarzo blanquecino atado a una cadena de plata y me lo puso suavemente con sus garras en mi cuello.- ---
-Esto te hará la Diosa, la única e inconfundible, Bastet- Me dijo lamiéndome el cuello.
-Siempre supe que debí haberte recogido de aquel sucio lugar donde yacías casi muerto, mi gato, mi amado caballero y por siempre gato, Te amo.
Bruscamente abro los ojos, ¿Todo fue producto de la fiebre? No lo creo, mi gato está en la cama, mi cara, arde, salgo corriendo al baño, me miro al espejo, cuando de un momento a otro, veo el collar que solía ser de mi mascota, -¡No puede ser!,- me digo a mi misma, me has dejado acá atrapada, en el mundo de los soberbios humanos, ahora ¿Qué haré?, no lo sé. Me devolví a mi cama y vi que mi mascota me miraba, con un amor incomparable.
-No soy una gata, perdóname- Le dije llorando, vi que mi gato se levantaba levemente, se desperezaba y suavemente apoya su quijada en mi pierna, ronroneando, como siempre, como cuando tiene hambre, lo alzo, lo llevo a la cocina y le sirvo el atún que siempre ha pedido cuando ronronea y la leche caliente que le gusta.


-Eres lo único que me queda y me siento alagada
de saber y sentir tu presencia pérfida esta noche, todos me olvidaron
menos tú, que por ser el único que recordaba mi nombre terminé odiando, traes
remembranzas de un amor a mi mente, eres mi portal de la vida y de la muerte,
tienes en tus ojos el brillo de la luna y en tus bigotes el olor del sereno, tu corazón sólo
me pertenece y por eso debes vivir, porque te pertenezco también,
así claves tus garras en mis manos y llenes de pelo mi alfombra, me haces más que una gata
una humana… Aunque asesina y que desea tu muerte.-

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