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martes, 18 de octubre de 2011

En Cúcuta NO se puede hacer LO QUE SE LE DE LA GANA.


Haciendo cola para el hospital cultural…
Muchos colombianos dicen: “Si quiere hacer lo que se le da la gana, vallase para Cúcuta”, pero los gestores culturales y artistas de esta ciudad prefieren salir a Bogotá a llevar a cabo su arte, debido al poco apoyo y a la centralización del poder económico en el campo cultural.

Ser acompañante de un artista que busca apoyo económico para su trabajo que es la escritura es algo frustrante, en la primera parte de la mañana está la esperanza, acudiendo a las entidades encargadas de ofrecer un campo de “apoyo” cultural a la ciudad, todas sonríen cuando ven a dos jóvenes que van a preguntar acerca del apoyo económico, todo parece una broma, y de hecho en un principio parece ser. Cuando el asunto se torna serio, los gerentes también tornan serios y con esto un tono desafiante que dice “Tiene que hacer un proyecto, cuando lo tenga listo y claras sus ideas, haga una carta y mándela a Bogotá, nosotros con dinero no les podemos ayudar” es irrisorio tener que acudir a entidades privadas para el apoyo de Proyectos culturales que le atañen a la ciudad más que a nadie.
Tal vez esa fue la razón que tuvo Sergio Fajardo al renunciar a la codirección del Partido Verde, al replantear la tesis sobre la cual fue fundada la ideología joven “La unión hace la fuerza” encaminada hacia la cultura y el cambio de una politiquería  a un tratamiento real que merece cada país, por medio de la educación y la cultura. La inútil espera del apoyo económico del país para la inversión de proyectos culturales hacen que cualquiera que luche por la cultura se rinda con sus esperanzas rotas, la espera que incluye esperanzas de artistas que no tienen que estar mendigando apoyo a las entidades encargadas de ofrecer recursos que son públicos, al mismo público que somos todos nosotros, miles de razones más hacen que un personaje tan reconocido como Sergio Fajardo que sacó a Medellín de una tónica narco e incentivó el campo artístico se vean afectados y por esto el abandono de sus ideales y considerarlos como utópicos. Infortunadamente en Colombia políticas de apoyo cultural son inexistentes, y las que poco a poco se iban formando, fueron decayendo, como el Partido Verde, inicialmente con la renuncia definitiva de Mockus, que “no quería untarse del partido de la U”, lo que trajo consigo la consecuencia la renuncia de Fajardo y con esto, el derrumbamiento de muchos ideales de artistas que querían recibir el apoyo de las entidades públicas para su arte, paras que su ilusión no quedara a la deriva.
La segunda parte del día, la tarde, que en pocas palabras se traduce en esperanza, en dónde se está esperando la “llamadita” de los “doctorcitos” que quedaron en aprobar las ideas de unos locos que quieren vivir de lo que aman y que es su arte hecho con las uñas. Es desagradable y frustrante ver esas caras de impaciencia cuando dos jóvenes van a hablar de cultura, de apoyo hacia su creación, pero por lo menos dejan una esperanza en lo que resta del día, lo que hace que el tiempo invertido no sea en vano o lo que les resta decir a los gerentes de La Biblioteca Pública, La Torre del Reloj, El Ministerio de Cultura: “Déjenos su hoja de vida, lo estamos llamando, por la tarde, si no, en estos días, cuando estemos buscando gente para trabajar”, lo triste queda cuando cada cual se pregunta ¿”y por qué no le dije a mi tío, él podría ser una palanquita”? Pero no, preferimos quedarnos con nuestros propios méritos y no acuñarlos a agentes externos, ¿por qué les cuesta tanto invertir en la cultura, si es el sostén de las sociedades?, en países vecinos como en Venezuela, no yendo tan lejos, cada escritor, sea malo, sea bueno, está honorablemente publicado, y la literatura que es un apoyo totalmente libre a lo que atañe  en cultura a este país, lo que no existe es criterio, eso si, pero el apoyo económico como tal, existe. En Colombia, si no se paga por ser publicado, no se publica, llegado al remoto caso que se publiquen, no hay dinero a cambio, ni un libro gratis como “recompensa”.
Y es allí dónde se toma la decisión de ir a convocatorias de editoriales extranjeras, con pago de por medio como: Alfaguara, Seix Barral, es más en editoriales Panamericana, papelería reconocida instaurada en la ciudad de Cúcuta no han publicado artistas locales, llevando un record en ventas por medio de los venezolanos con sus tarjetas Cadivi hace un par de años. Sin ir tan lejos, el poder cultural está tan centralizado que muchos acuden al gestor cultural más grande que existe en Colombia, a dónde llegan las convocatorias para artistas: Bogotá, sea como fuere, esta ciudad ha aportado en nivel cultural más que todas en el país, infundado una cultura desde el gobierno de Mockus en esta ciudad, acompañada de Medellín y el trabajo que Sergio Fajardo dejó también con su gobierno. El problema no es irse a estas ciudades, el problema es dejar de luchar por lo que se ama, en la tierra que parió lo que hoy somos, sea como sea, esta ciudad también es de nosotros y se siente la impotencia al ir a entidades públicas a pedir apoyo y que literalmente cierren las puertas en la ilusión de muchos cucuteños que quieren vivir de lo que aman.
La empresa privada ha tenido mayor cabida en este mundo del arte y la cultura en Cúcuta, tomamos como ejemplo latente a Lucho Brahim que con su PROPIO dinero y su PROPIA casa decidió abrir su nuevo centro cultural: “Pilar de Brahim” dándole a Cúcuta una vista artística con fines de “reclutar” alumnos, y no cualquier clase de alumnos, a alumnos que necesitan del arte para expresar su inconformidad, esta expresión que logra liberar el odio hacia la guerra que golpea sus familias, siendo ellos las víctimas de la guerra que existe en barrios marginados como Atalaya, está ayudando a formar e incentivar la cultura del grafiti, trayendo artistas propiamente de Medellín para hacer sus protestas pacíficas y reales, que son las que verdaderamente valen la pena, artistas como Ahiman que expresan lo que es ser una víctima, pero no para infundir lástima sino para despertar del adormecimiento mental en que están sumidos la mayoría de cucuteños.  Y con esto le dicen NO a la guerra, NO a las escuelas de delincuencia que se están formando hoy día en Medellín por falta de enfoques culturales, sino escuelas reales, artísticas, lo que le hace falta a la ciudad y el país. Por otro lado, se puede ver como se devalúa el trabajo de las personas que en realidad aman lo que hacen, llegan al punto de sostenerse solos (no sé de dónde) y de no pedir un solo peso a cambio, a que me estoy refiriendo, así como Lucho Brahim está luchando con las uñas por su propio centro cultural, tenemos a un profesor de la Universidad Francisco de Paula Santander que ofrece, desde hace 6 años un cine club totalmente gratis, exclusivamente para sus alumnos, al cual asisten tanto alumnos actuales como los que se graduaron hace años y se quedaron con ese sabor del arte que es el cine mismo.
La ACF (Alianza Colombo Francesa) también es otro ejemplo de empresa privada, en este caso extranjera, que ha puesto sus pies, sus manos y su alma por fortalecer a Cúcuta en intercambios culturales, ha realizado eventos como: Le fleté de la musique, que fue llevado a cabo el sábado 18 de Junio del presente año, ha realizado conciertos con artistas tanto locales como franceses propiamente, recordemos, François & The Atlas Mountains, que fue llevado a cabo en el bar  pub llamado: “La Casa del Duende”, también se ha instaurado como academia para brindar cursos de francés, privados claro está, a los cucuteños que deseen aportar a su biblioteca diccionarios extranjeros.
Y ahora, lo que todos tememos, por su aspecto oscuro, visceral y desconsolador, la noche, que para otros, es el sostén mismo de la vida, llena de descanso y las herramientas que nos deja el día de hoy para enfrentarnos a un mañana. La “llamadita” de la tarde nunca llegó, no hay respuestas, el teléfono no suena, el correo electrónico sigue saturado de Spam proveniente de Facebook, pero ¿respuestas? Ninguna, cero, fallamos, pero ¿qué queda? Era la última opción, la espera de toda una tarde (días, meses, años) ¿para qué? No quiero que mi acompañante trabaje en una oficina, porque he visto y experimentado las consecuencias de trabajar en una fría caja llena de computadoras y estar renegando a diario la triste existencia de ese ente que tiene que contribuir con impuestos al país. Para muchas personas que viven en la ciudad de Cúcuta, siendo empleados, tal vez en un alto nivel ejecutivo o si tienen suerte con un salario mínimo, intrusos en una oficina ajena a su esencia humana, satura su diario vivir de papeles, impresoras, informes, bocas que alimentar, financiar la guerra comprando cigarros que apaguen su ira, y por supuesto, un jefe a quien complacer, y todo esto ¿Para qué? para llegar el viernes borracho a golpear a su esposa y a delirar que ama a sus hijos con gritos de inconformidad hacia el régimen que exprime su mente, su vida y el tiempo que ha gastado para llegar hasta ahí, en dónde vienen los cuestionamientos comunes que hacen que odie más su vida ¿y por qué no trabajé por lo que quería, en vez de estar gastando mi existencia en ésta esclavitud remunerada con más deudas con el banco? El 76% de los cucuteños que tienen trabajos fijos están inconformes con su salario y por supuesto del trato que reciben de sus jefes, de ahí recae el circulo vicioso que va resultar atrapándonos a todos si no obtenemos lo que pedimos a cambio, apoyo cultural para desarrollar el arte que está en la psique de los cucuteños y que por culpa de entidades públicas que no quieren contribuir en la causa más humana que he visto y en el vacío de expresión que el mundo necesita llenar.
Apoyo, apoyo moral es el que reciben los artistas en esta ciudad, Cúcuta, dónde se puede hacer lo que “se le de la gana” en cuanto no tenga que ver con proyectos culturales, financiación de estos o búsqueda de remuneración para lo que muchas personas aman y que a veces tienen que dejar por ser partícipes de lo que llaman comúnmente “trabajo de oficina”.
No se sabe si se deben seguir gastando los días como éstos en vano o irse a otras ciudades o países para triunfar como creador. Por eso es un trasegar en Cúcuta, nada es constante, a menos que sea corrupción y mentira, es una maldición si no se es familiar de la alcaldesa o si no tiene dinero para pagar publicaciones y hacerle publicidad a su arte, es una verdadera pena no haber nacido en cuna de oro y alabar a los políticos que me darán el dinero de el apoyo a su próxima campaña y el trabajo temporal que es respetado por los demás, somos locos, buscando nuestro propio camino, como artistas, como creadores, como Comunicadores Sociales.




“Dedicado a los poetas
muertos que ha dejado
la guerra latente en nuestros días”

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